MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN ¿cómo pudo Daniel sacar todo un mensaje profético de solo cuatro palabras?
En Daniel 5:25-28 aparece aquella misteriosa inscripción que fue escrita en la pared durante el banquete del rey Belsasar:
“MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN.”
Lo interesante es que los sabios, los astrólogos y los entendidos del reino fueron incapaces de darle una interpretación al mensaje. Sin embargo, Daniel pudo hacerlo.
Y aquí surge una pregunta interesante: ¿cómo pudo Daniel sacar prácticamente todo un mensaje profético de solamente cuatro palabras?
Porque, técnicamente, los sabios probablemente conocían el significado básico de aquellas palabras. El problema no era necesariamente conocer el vocabulario. El problema era conectar las palabras, reconocer el juego de significados y comprender qué estaba diciendo Dios específicamente mediante ellas.
1. MENE — “contado”
“Mene” (מְנֵא) está relacionado con la raíz aramea מנא, asociada con contar, enumerar o determinar.
Daniel 5:26 dice:
“Esta es la interpretación del asunto: MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin.”
Es decir, una palabra que básicamente significa “contado” se convierte, por revelación, en una declaración completa:
Dios ha contado los días de tu reino, ha determinado su duración y ahora le ha puesto fin.
Y aquí aparece un detalle muy interesante: MENE aparece dos veces.
“MENE, MENE”.
Esto recuerda el principio que aparece en Génesis 41:32, cuando José explica la repetición del sueño de Faraón:
“Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme delante de Dios, y que Dios se apresura a hacerla.”
La repetición, por tanto, puede funcionar bíblicamente como una señal de confirmación, firmeza y prontitud del cumplimiento.
En Daniel, esto encaja perfectamente con lo que estaba ocurriendo: el reino no solamente había sido “contado”; el momento determinado por Dios había llegado.
2. TEKEL — “pesado”
“Tekel” (תְּקֵל) está relacionado con la raíz aramea תקל, cuyo sentido es pesar o ser pesado.
Daniel interpreta:
“TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.”
Aquí nuevamente ocurre algo extraordinario.
Daniel toma una palabra sencilla —pesar— y la conecta con una imagen que aparece repetidamente en la Escritura: Dios examinando y pesando al ser humano.
Por ejemplo, Job dice:
“Péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi integridad.” — Job 31:6
La idea no es simplemente que Dios coloque literalmente a una persona sobre una balanza, sino que Dios evalúa, examina y determina el verdadero peso moral de una persona o de una obra.
Por eso Daniel puede pasar de:
TEKEL = pesar
a:
“Has sido pesado por Dios y has sido hallado falto.”
La palabra activa todo un concepto bíblico.
Es decir, Daniel no está improvisando una interpretación. Está conectando el significado de la palabra con un lenguaje que ya existe dentro de la revelación bíblica, junto a la revelacion del Espiritu Santo.
3. UPARSIN — “dividido”
La tercera expresión es:
UPARSIN (וּפַרְסִין).
Está relacionada con פרס (peras), cuyo sentido puede expresar la idea de dividir, partir o repartir.
Daniel dice:
“PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas.”
Aquí aparece otro elemento todavía más interesante: el juego de palabras.
La palabra puede relacionarse con “dividir”, pero al mismo tiempo su sonido y forma se relacionan con Persia / persas.
Por eso la palabra tiene una doble dimensión:
PERES → dividir
pero también evoca:
PERSAS → el pueblo que recibiría el reino.
Esto hace que la palabra tenga un enorme contenido profético.
No solamente está diciendo:
“Tu reino será dividido.”
También apunta hacia:
“Tu reino será entregado a los medos y los persas.”
Así, una sola expresión contiene varios niveles de significado.
Los sabios podían reconocer las palabras, pero no pudieron llegar al mensaje que Dios estaba comunicando. Daniel, en cambio, tomó:
MENE + MENE + TEKEL + UPARSIN
y conectó:
El significado lingüístico.
La raíz de las palabras.
La repetición.
El contexto histórico.
Los conceptos presentes en la Escritura.
Los juegos de palabras.
Y, sobre todo, la revelación de Dios.
De esta manera, cuatro palabras terminan produciendo prácticamente un párrafo profético:
Dios ha contado tu reino.
El tiempo determinado ha terminado.
Has sido pesado y hallado falto.
Tu reino será dividido y entregado a los medos y a los persas.
Daniel 1:17 dice:
“Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.”
Es decir, existe una combinación:
conocimiento + entendimiento + revelación.
Por eso, cuando aparece una palabra como “pesar”, Daniel no tiene que inventar desde cero qué significa espiritualmente. La Escritura ya había desarrollado ese lenguaje. Cuando aparece “contar”, existe todo un lenguaje bíblico relacionado con contar, determinar, enumerar y establecer. Cuando aparece “dividir”, existe el concepto bíblico de división, reparto y entrega. Y cuando aparece PERES, además aparece el juego fonético que permite relacionarlo con los persas. Por eso podríamos decir que Daniel tenía algo parecido a un “diccionario espiritual” construido a partir de la Escritura, pero no se limitaba a consultar definiciones: sabía reconocer cómo las palabras podían conectarse dentro del contexto profético.
Esto también aparece en Jeremías , Jeremías 1:11-12, Dios le pregunta a Jeremías:
Jeremías responde:
“Veo una vara de almendro.”
Y Dios responde:
“Bien has visto; porque yo vigilo sobre mi palabra para ponerla por obra.”
A primera vista parece extraño.
Uno podría preguntar:
¿Qué tiene que ver una vara de almendro con que Dios esté vigilando sobre su palabra?
La respuesta está en el hebreo.
“Almendro” es: שָׁקֵד — shaqed y “vigilo / estoy vigilante” está relacionado con: שֹׁקֵד — shoqed
Las dos expresiones están fonéticamente muy relacionadas y proceden de la misma familia consonántica. Entonces Dios utiliza la semejanza sonora de las palabras para convertir lo que Jeremías está viendo en una señal profética. Podemos decir que Dios utiliza lo que conocemos , en nuestro idioma terrenal (español, ingles etc) o lo que conocemos, y que nos habla desde imagenes, para producir un mensaje.
Jeremías ve:
un almendro.
Dios le revela:
“Estoy vigilando.”
Es decir:
la imagen que ves contiene un juego de palabras que apunta hacia el mensaje que Dios quiere comunicar.
Y esto es muy parecido al principio que encontramos en Daniel 5. Por lo que vemos que Dios utiliza no solamente el significado de una palabra, sino también su sonido, su raíz, su repetición o su relación con otra palabras como vehículos de revelación.
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